Apócrifa

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La escritura de Natalie nos lleva de la mano a la cancha de tierra, al pan caliente y a la melancolía pop de los noventa que se alejan. Su prosa breve contiene música, olor, sabor; nos hace evocar y se nos revela como un secreto bien guardado.

La delicadeza de la elección de las palabras, los convierte en cuentos que no se alejan de su imaginario poético y sus figuras. Sus cuentos son precisos, breves y efectivos hasta el punto de las lágrimas.

Nos invita a revisitar nuestra historia reciente y empaparnos de su melancolía.

Paulina Bermúdez Valdebenito

20 disponibles

SKU: PIKUN-APO-2022-2-1-1 Categoría:
  • Autor: Natalie Israyy
  • Interior: Papel Bond Ahuesado 80 grs
  • Portada: Couché Opaco 300 grs
  • Editorial: Queltehue Ediciones
  • Año de publicación: 2022
  • Idioma: Español
  • ISBN: 978-956-6176-06-0
PRENSA

«Una narrativa sub 35 llena de originalidad en donde el leitmotiv son «esas pequeñas crisis de las que la vida está compuesta». Es Apócrifa, un conjunto de diez cuentos breves –cargados de aforismos y referencias populares de los 2000– que despliega universos femeninos situados en el ocaso de las muñecas y la incipiente sexualidad; en medio de la amistad y el amor, profundizando en la herida de infancia y belleza ordinaria con particular simpleza.»

«Inicialmente quería escribir una historia donde una chica se vengara del abusador de su amiga. Que fuera un poco como Judith, de la Biblia. Para los estudios bíblicos de mi familia, el libro de Judith era apócrifo, entonces era como jugar un poco con eso. Pensaba un poco, que fueran como unas cabras menores de edad, del Sename, y que tuviera un trasfondo más espeso. Pero fue tanto, que al final decidí no seguir por ese camino.»

«Este libro lo escribí sin mayores pretensiones que el de ser leído. Adentro hay relatos que quiero mucho, personajes a los que me gustaría abrazar, invitarles a salir, a jugar. Es también un libro que sigue profundizando en mi herida, la de mi infancia. La herida de la religión que se ve en el título, porque esa palabra la aprendí alrededor de los nueve años cuando tuve que entender a presión que, a pesar de la falsedad de las historias de la biblia, había otras que además eran consideradas falsas, que se salían del canon. Un ejercicio de cajas chinas donde cada vez más adentro había más ficción.»

«La imagen inicial que tuve al pensar en la palabra apócrifo/a me remitió vagamente a algo religioso, o quizás un objeto o persona distanciada de un tumulto más grande. Como un espacio aparte entre dos puntos que se repelen entre sí.»